No hay profeta en su propia tierra

En su recorrido Jesús llega a Nazaret.
En donde habría pasado su niñez y parte de su edad adulta, hasta el comienzo de su ministerio.
Una ciudad donde estaban aquellos que le conocían y con quienes había compartido momentos de su vida.
Sus amistades, familiares y aún los de su propia casa estaban allí.

Cuenta la escritura que estando en la sinagoga enseñando, muchos comenzaron a escandalizarse de Él. Veían al hombre carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas, de Simón y hermanas pero viendo la sabiduría y los milagros de sus manos cuestionaban y menospreciaban su origen pobre y sin cultura. Negando así dentro de ellos el reconocerlo como enviado de Dios.

Cuando Jesús oye lo que decían, sus palabras son contundentes…

…No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. Marcos 6:3

Y dice el relator, que Jesús queda asombrado a causa de su incredulidad.
O sea que lo que estaban allí no oyeron la palabra acompañada de fe.
Es importante entender esto, porque la incredulidad muchas veces impide la manifestación del poder de Dios. Como fue en este caso, creyeron unos pocos y los demás perdieron la bendición.

Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Marcos 6:5

Ahora bien ese hecho a Jesús no le afectó, Él sabía que tenía una tarea hasta que llegara su hora.
Por lo que resuelto recorrió las aldeas vecinas del alrededor donde estaba.

En nuestros días la incredulidad (o falta de fe) en el ser humano no ha cambiado y muchas veces el creyente se encuentra como Jesús en ese momento, rodeados de amigos, familiares y muchas veces con los de su propia casa, los cuáles se escandalizan y se vuelven irracionales cuando se les presenta la Palabra.
Aunque cerca nuestro veamos esa falta de fe, nosotros no tenemos que desmayar ni desmoralizarnos  sino seguir con el pleno cumplimiento en nosotros de llevar las Buenas Nuevas de salvación a todas aquellas personas de nuestro alrededor.

Recordando siempre que sólo somos sembradores y que Dios es el que se encarga de hacer germinar la buena semilla.


Que tengan una semana bendecida

Ana María Álvarez

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