Señor, quiero ser barro en tus manos



Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 
Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Jeremías 18:3-4


Hoy vamos a analizar este pasaje y profundizar en lo que Dios desea hacer en cada uno de nosotros.
Vamos a observar el proceso de la arcilla en manos del alfarero en la antigüedad, el mismo era lento y había veces que el alfarero tenía que deshacer lo que había formado y hacerlo de nuevo para darle otra utilidad.
En un principio luego de su extracción, la arcilla debía tener un proceso de depuración, eliminando así cualquier elemento extraño como piedritas, vegetación etc.
Esta depuración era sumamente importante para que se lograra una textura fina para trabajarla, luego la arcilla era mezclada con una proporción de agua y amasado con las manos hasta lograr una pasta homogénea.
Posteriormente se llevaba a la rueda o torno donde se le daba la forma que el alfarero deseaba, para terminar se le daba el acabado decorando la pieza y llevada finalmente al horno para darle la cocción.

NOTA: El procedimiento de la arcilla para hacer ladrillos era hacer un amasado continuo con los pies de muchas horas para detectar los cuerpos extraños más grandes.

Así Dios el alfarero de nosotros, procesa, da forma y da el acabado a nuestro ser interior, es allí donde se forma el verdadero cambio, la transformación.
Así como el alfarero tiene la autoridad sobre la simple arcilla así nuestro Dios tiene la potestad sobre nosotros. Simplemente somos barro en las manos de nuestro creador.
Si la arcilla pudiera expresar lo que siente en el proceso, nos podría decir cuán doloroso es el mismo, ¿pero quien dijo que el camino del Señor era fácil? en cada una de nuestras pruebas, luchas, fracasos y victorias vemos las manos de Dios trabajando en nosotros.
Debemos recordar que no depende de nosotros el cambio, sino de la misericordia que Dios tiene para con nosotros. Lamentablemente muchos creyentes son tan autosuficientes que terminan contendiendo con Dios y dejan una brecha entre ambos que es imposible de vencer. Dios sólo trabaja en cada uno de nosotros cuando en humildad y con arrepentimiento genuino le entregamos nuestra voluntad a El.

…¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así?
¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? Romanos 9:20-21

Debemos dejarnos que El nos moldee a su voluntad, lo que El desea que seamos para servirle a su propósito y como dice 2 Corintios 4:7 “…que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros…”

Ana María Alvarez Kipreos




2 comentarios:

  1. Ohhh, mi querida hermana, hermoso y edificante como cada una de tus publiciones.
    Somos barro, sol eso, pero en manos de una Padre amoroso que quiere lo mejor para nosotros, ¡qué privilegio!.
    Dios te colme de su bendición y a tu hogar.
    Un fuerte abrazo y todo mi cariño.

    ResponderEliminar
  2. Así es hemnana querida, sólo barro somos. Gracias por tu bendición y tu comentario. Que el Altísimo te bendiga grandemente. Un fuerte abrazo para ti también.

    ResponderEliminar

Gracias por darme el regalo de tu amistad.
Cada mensaje, cada comentario es una bendición para mi vida.