Afirmando nuestro rostro para seguirle



Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Lucas 9:51

Era el tiempo en que Jesús se encaminaba para Jerusalén donde le esperaba la consumación de su muerte. Llegan a una aldea de Samaria allí Jesús envía mensajeros para hacer los preparativos necesarios. Dice que los aldeanos se dieron cuenta que viajaban hacia Jerusalén para adorar y siendo que entre judíos y samaritanos no se llevaban por la gran controversia en donde era el lugar de adoración, los del pueblo deciden no permitirle la entrada para quedarse y abastecerse allí para el viaje.
Esto hizo que los discípulos quedarán molestos a tal punto que Jacobo y Juan, los hermanos del trueno como así le llamaban, expresaran el deseo de que descendiera fuego sobre ellos.
Vemos que Jacobo y Juan dicen la frase “como hizo Elías” recordamos que en 2 de Reyes se nos relata cuando Ocozías envía a dos mensajeros a consultar a los dioses paganos sobre su estado de salud.
Dios ve la infidelidad de Ocozías y envía a Elías a interceptar el camino de los mensajeros anunciándole su muerte, estos llegan al lecho donde yacía Ocozías contando lo que el profeta les había dicho, entonces el rey envía dos veces emisarios para hablar con Elías.
En la primera un capitán con cincuenta soldados, el profeta ordena que descienda fuego del cielo sobre ellos y son consumidos, de vuelta el rey envía un capitán con cincuenta soldados y Elías da nuevamente la misma orden y son consumidos por el fuego.

Ahora notemos entonces la comparación que estos discípulos ven, en ambos casos se manifiesta la infidelidad, Ocozías es infiel a Dios porque va a consultar dioses ajenos y los samaritanos son infieles porque su adoración estaba corrompida rechazando los ritos judíos y su templo en Jerusalén al cual estos consideraban ilegítimo.
Claramente ambos, tanto Juan como Jacobo habían juzgado y sentenciado a este pueblo, para ellos, debían morir.
Pero veamos que reacción tiene Jesús

Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Lucas 9:55

Jesús no venía a traer juicio sino salvación, amor y perdón, por lo que ellos no comprendían el propósito de su plan divino, sus espíritus no estaban alineados con la voluntad de Dios, no era el espíritu de Dios el que influía en ellos en esta situación específica.

Yendo entonces por el camino hacia otro pueblo, vemos a tres hombres que les acompañaban, aquí Jesús muestra claramente la condición de aquellos que querían seguirle y la parte esencial del llamado del Maestro.
Leamos lo que expresa el primero, “Señor, te seguiré adondequiera que vayas” es claro que este hombre pensaba que al lugar donde se dirigía Jesús era un lugar específico no sabemos que más halla pasado por sus pensamientos, pero algo si es claro era un hombre que actuaba impulsivamente. Jesús contesta…

Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Lucas 9:58

Jesús le contesta que aquí en la tierra el no tenía morada fija, le estaba diciendo piensa detenidamente lo que dices,  acaso tu eres capaz de dejar todas tus comodidades para seguirme, porque eso era y es lo que propone el Señor a cada uno de nosotros salirnos de nuestra comodidad para ir a servirle llevando su palabra, cumpliendo así con la voluntad del Padre.
Jesús le habla a otro que estaba allí escuchando y le dice “Sígueme”, y este dice “Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre”
¿Es acaso que su padre había muerto?, en realidad se refiere a que su padre era ya muy anciano y quería quedarse con el hasta el tiempo de su partida, cumpliendo así su responsabilidad como hijo, entonces el quedaría libre para seguir a Jesús.

Claro está que Jesús le contesta…

…Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Lucas 9:60

El maestro vio su corazón, como todos, tenemos obligaciones, pero en que lugar de nuestra vida ponemos a Dios, tendemos como humanos siempre priorizar muchas cosas en nuestro diario vivir, tan es así que muchos creyentes dejan a un costado su compromiso con Dios para cumplir con los compromisos terrenales, por supuesto con una exclamación… Dios me va a entender.
Acaso Dios, nuestro Padre, no fue El, que nos dio el soplo de vida, no fue El, que dio a su único hijo por nosotros pecadores, no fue El, que nos llamó con amor eterno para salvación y servirle. Me hace pensar en los miles de misioneros/as repartidos por toda la tierra que cumplen con el mandato divino, lejos de su familia, casa, comodidades, perseguidos y muchos muertos por causa de su Nombre.
Entonces, en este finito pasaje por esta tierra ¿Cuál debe ser nuestra prioridad?
Queda en cada corazón la respuesta…

Nuestro tercer personaje interviene diciendo…

Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Lucas 9:61

Su expresión es de, espera Señor, voy a casa me despido y vuelvo para seguir contigo
Vemos aquí un hombre con un corazón dividido en dos, por un lado tenía el deseo de seguir a Jesús, por otro lado tenía dolor de dejar lo que quedaba atrás en este caso su familia.
El debería estar al tanto del momento crucial en la vida de Jesús y cuan resuelto estaba El de llegar a Jerusalén, “afirmó su rostro para ir a Jerusalén.” Entonces ¿cual debería haber sido su prioridad? 
Pero veamos que le contesta el Maestro.

Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. Lucas 9:62

El arado como todos ya sabemos es una herramienta de labranza para preparar la tierra.
Jesús pone el arado como símbolo del trabajo que nos ha mandado a realizar nuestra mirada debe estar adelante porque el mirar hacia atrás es desear regresar a lo que habíamos dejado.
El que ara y mira para atrás jamás va a poder formar los surcos derechos, es imposible y por consiguiente es un mal agricultor, en este caso no apto para el reino de Dios.
Podemos decir que le estaba diciendo y nos dice a nosotros, tu mirada hacia delante, aprieta firme la mano, hunde el arado en la tierra, abre surcos, remueve el suelo, luego siembra la semilla y en ningún tiempo mires hacia atrás.

¿No contesta Jesús a Pedro de esta manera?…

Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. Lucas 18:28-30

No debemos jamás anteponer nuestros deseos personales al llamado de Dios.
Si es que creemos, El debe ser nuestra prioridad en todo momento, el primer lugar en nuestra vida, porque lo demás todo es de El y para El, nada tenemos.
Claro está que no es fácil, hay un costo, Dios quiere una entrega total de nosotros, por lo que debemos desterrar las objeciones y las excusas, aún aquellas que son legítimas.
Porque de todo daremos cuenta.

Ana María Alvarez Kipreos


2 comentarios:

  1. Hermoso como siempre mi amada hermana, y saturado de Palabra de Dios. Gracias por recordarnos que Él debe estar por encima de todo, que debe ser nuestra prioridad y que puesta la mano en el arado, no debemos miar atrás.

    Dios en bendiga en gran manera y te siga usando y usando este blog para que muchos alineen su voluntad con la de Dios.

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  2. Gracias hermana querida, muchas bendiciones de lo Alto para ti y familia. Un fuerte abrazo a la distancia.

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Gracias por darme el regalo de tu amistad.
Cada mensaje, cada comentario es una bendición para mi vida.