Una mujer llena del amor de Dios


Hoy nos trasladamos a la ciudad de Jope nombre del griego antiguo y que quiere decir “bello”, una ciudad israelí en la tierras de Judea, sobre la costa mediterránea, con un importante puerto a unos 56 km de Jerusalén. Hoy día esta ciudad tiene el nombre de Jaffa y está situada al sur de Tel aviv, Israel.

El autor del libro de Hechos nos cuenta que en esta ciudad marítima vivía una mujer de nombre arameo Tabita, que traducido al griego quiere decir Dorcas, ambos, tanto en arameo como en griego tienen el mismo significado “gacela”.
Ahora bien, vamos a detenernos en el nombre “Tabita o Dorcas”.
La gacela, en Israel es considerada desde los tiempos del Antiguo Testamento. En la literatura hebrea, Israel misma es simbolizada por su belleza, gracia y ligereza sin igual con Eretz Hatzví la “tierra del venado”.

NOTA: Si leemos en la Torá, en el libro de Jeremías dice; “Y te daré la tierra deseable, la herencia del ciervo. Jeremías 3:19”

En el libro de Salomón “Cantar de los cantares” la gacela es mencionada siete veces, entre ellas leemos que la belleza de la amada es comparada con una gacela.
Esta gacela de nombre Dorcas es pequeña y muy fácil de domesticar, se encuentra al sur de Israel en lo que es el desierto Neguev, si bien hay leyes que la protegen, la caza ilegal entre otras cosas, ha hecho que hoy día estén casi en extinción.
Podemos entonces imaginarnos que esta mujer hebrea recibió el nombre Tabita (gacela) por lo pequeña o por su belleza y gracia.

Ahora bien, no se conoce como se formó este grupo de cristianos allí, hay estudiosos que proponen que Felipe, quien fue encargado de predicar el sur de Israel en todas las ciudades desde Azoto hasta Cesarea, cuándo pasó por Jope, debe haber evangelizado en esta ciudad.
Leemos algo interesante sobre Tabita ella es la única mujer en el Nuevo Testamento que se le da el calificativo de discípula, ni aún aquellas que fueron prominentes en la vida de Jesús, siendo nombradas en las escrituras recibieron tal distinción. Leamos en…

Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas… Hechos 9:36

Si definimos un discípulo de Cristo es aquél que aprende de su maestro y que está resuelto a ser como el, es aquél que pone en práctica en su vida lo que su maestro le enseña.
Decíamos al principio que Tabita era de la ciudad mediterránea de Jope, cierto día ella muere y es lavada según la costumbre y puesta en una sala.
El autor de Hechos relata que era una mujer muy querida en medio de la comunidad, sus buenas obras y sus limosnas hablaban de ella.
El sólo hecho de leer lo que se expresa sobre Tabita en el relato, nos imaginamos una persona con un corazón generoso y con un infinito amor hacía los demás, una mujer de gran notoriedad que no pasaba desapercibida, que reflejaba a Cristo y le glorificaba con su propia vida.

Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. Hechos 9:36

Luto ritual llega después de su muerte, imaginemos por un instante la sala donde estaba depositado el cuerpo de Tabita, un lugar lleno de personas, como era común en el momento del duelo, gemido y llantos de desconsuelo y congoja por su pérdida, ya no había más nada que hacer y debían aceptar esta situación.
Cada uno de los presentes la sentiría de diferente manera pero el común denominador sería cuánto la amaban.  
Por esos días Pedro estaba en la ciudad de Lida, a 18 km de Jope, estando allí  había sanado a un hombre paralítico de nombre Eneas y dice que…

… le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor. Hechos 9:35

Cuando llegó hasta los oídos de los discípulos que Pedro estaba cerca de la ciudad, sus gemidos y llantos se sosiegan y la fe comienza a moverse dentro de sus corazones, dice que estos envían inmediatamente a dos de ellos a donde Pedro estaba, rogándole que no demore en venir.
Pedro atento al pedido, va con los dos discípulos hacia Jope, una vez allí en la casa de Tabita, las viudas esperaban a Pedro y rodeándole le mostraban  las ropas que esta hacía.
Pedro tiene que haber quedado impresionado ante el cuadro que se le presentaba ante sus ojos.
El gran afecto que estas personas le tenían a Tabita, no hay dudas que fue el resultado del amor y la bondad que tenía Tabita por ellas, puso tiempo y dedicación confeccionando estos vestidos y túnicas, todo lo hacía desde el corazón, poniendo su talento para la gloria de Dios,.
Es importante decir que las viudas en ese tiempo estaban totalmente desamparadas, y sólo se mantenían con lo que la gente les pudiera dar. 
Hay un dicho popular que dice, “se cosecha lo que se siembra” Tabita sembró amor, lo cuidó, lo regó y dio sus frutos, sembró y cosecho bendiciones.
Esto nos dice de lo importante que es sembrar amor en nuestro alrededor para que cosechemos amor, Juan nos dice…

En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 
Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? 
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. 

1 Juan 3:16-18

El final de este relato que nos hace Lucas es que Pedro les pide que todos se retiren, era necesario tener un tiempo a solas con Dios, entonces se arrodilla y ora; luego va hacia donde está el cuerpo de Tabita y le ordena que se levante. Ella abre sus ojos, ve a Pedro, se sienta en el lecho, el le tiende su mano para ayudarla a levantarse y la presenta viva ante aquellos que dieron un paso de fe. Grande tiene que haber sido el gozo y la alegría entre los presentes, de nuevo tenían a su amada hermana entre ellos.   
El milagro había ocurrido y Dios era glorificado ya que muchas personas en Jope creyeron en el Señor.

Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 9:40-41

Este relato de Hechos nos muestra lo que realmente quiere Cristo de cada uno de nosotros, que reflejemos al mundo su amor, que puedamos como Tabita abundar en limosnas y buenas obras y que Cristo sea glorificado a través de cada una nosotras.



Ana María Alvarez Kipreos


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