Cuestión de fe

Hoy vamos a leer en el primer libro de Samuel, una historia de perseverancia y fe. Su protagonista una mujer hebrea que era estéril y anhelaba tener un hijo, su nombre Ana.
La historia comienza en Ramá ciudad donde vivía junto a su esposo Elcana, este tenía otra esposa de nombre Penina, de la cual tenía hijos e hijas.
Penina menospreciaba a Ana por lo que el dolor y el desconsuelo habían inundado el corazón de esta última.

Vamos a ubicarnos si les parece en ese época.
Era un tiempo en el cuál no había rey sobre Israel, un período como muchos le describen oscuro para el pueblo de Dios, en que hombres levantados por Dios dirigían militarmente y religiosamente como jueces, al morir estos el pueblo de Israel volvía a la idolatría y sus ritos paganos. La Biblia nos dice a ese respecto…


En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía. Jueces 21:25

Elí quien era en ese período sumo sacerdote y sucesor de Sansón como juez, guió al pueblo de Israel por 40 años.
El era de la familia de Itamar, de la Tribu de Leví, vivía en Silo, allí estaba el Tabernáculo y el Arca, dónde era el lugar de adoración y realización de sacrificios, la Biblia refiere su ubicación en el libro de Jueces…

Ahora bien, dijeron, he aquí cada año hay fiesta solemne de Jehová en Silo, que está al norte de Bet-el, y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona. Jueces 21:19 

En esta imagen podemos ver como era en aquel tiempo la tienda dónde se encontraba el Tabernáculo y el Arca, se mantenía la distribución y la estructura igual a la época del éxodo.


Luego de esta pequeña introducción, volvamos a referirnos a nuestros personajes de hoy.
Ana, decíamos estaba pasando por tiempos de mucho sufrimiento, aunque el libro de Samuel, nos dice puntualmente que Penina todos los años cuando subían a llevar las ofrendas la irritaba, podemos deducir que esta, no perdería oportunidad para hacerle la vida amarga a Ana durante su diario vivir.

…su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. 1 Samuel 1:6

Es básicamente notorio que los celos que Penina tenía era de una mujer que se sentía amenazada de perder lo que ella consideraba como propio, su marido, ella quería ser el centro en su vida, no quería compartir ese amor, quería borrar del corazón de Elcana, el amor que el le profesaba a Ana.
Por otra parte estaba también el hecho de que Dios le había favorecido con muchos hijos, algo que en aquel tiempo era muy importante para una mujer, ser esposa y madre, por lo que se sumaba a los celos, la superioridad que Penina sentía sobre Ana.
Definitivamente esto hacía que el tormento de los celos criara raíces en el corazón de Penina, haciéndola una persona cruel y provocadora.

Muchos opinan que Ana debe haber sido la primera esposa de Elcana, al ver este que no podía darle hijos, toma a Penina por segunda esposa. Según la ley de Moisés un hombre si su esposa era estéril, podía tomar otra esposa para que le diera hijos y así su linaje estaría asegurado.
Ana se encuentra en un momento en el que su corazón ya no aguantaba más, por muchos años venía soportando esta situación, lo que no sabía que su vida estaba a punto de cambiar.
Dice en 1 de Samuel que Elcana sube como otros años con su familia a entregar ofrenda a Dios, largas filas se hacían para entregar las ofrendas delante de los sacerdotes. Y allí estaría Ana, mirando a Penina, a sus hijos, a su esposo y ella con su corazón afligido, cada año Penina era la encargada de recordarle su esterilidad. Recordemos que en la sociedad de la época, una mujer estéril era considerada una maldición y afrenta para su marido.

Como otros años su situación le hace llorar y no tiene deseos de comer.
Su esposo Elcana la quiere consolar. Es muy probable que el, no estaba al tanto de la situación que existía entre ella y Penina, por lo que el corazón de Ana sufría en silencio.
Dice que come y bebe, quizás para satisfacer a su esposo y que estuviera todo en paz.
Luego ella se levanta, algo la movía a levantarse e ir a quién si, le podía comprender, camina con determinación, y nótese que no fue hacia el sacerdote como era costumbre para plantear su necesidad, sino que de manera inusual dice que se presenta delante de lo que era la puerta del Tabernáculo, donde los cinco pilares se erguían desafiantes dejándose ver un velo azul, púrpura, carmesí que impedía el paso hacia lo que era el Lugar Santo.
Junto a uno de los pilares dice que se encontraba sentado el sacerdote Elí, y dice que allí Ana amargamente ora a Dios y llora abundantemente.

Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 1:9-10

Su corazón se abría lleno de fe, ante el Dios de sus padres, ante quién era el creador de la vida. En algún momento quizás a sus pensamientos vino la historia de Sara la madre de Israel, Rebeca la esposa de Isaac o de Raquel la esposa de Jacob  y lo que Dios hizo en sus vidas, quitando la afrenta de delante de ellas.
Ana hace un voto y se leemos con atención le pide un hijo varón, para así dedicárselo a Dios, consagrándolo a su servicio.
No se sabe con exactitud cuánto estuvo delante de Dios orando, la palabra que usa el autor es “largamente”.
Cerca de ella estaba Elí el sacerdote, dice que este observaba su boca, veía como se movían sus labios pero no se oían palabras.
Ana quería que ese momento fuera único, que sus anhelos fuesen oídos sólo por el Eterno, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, su Señor y Dios y que llegasen al mismo corazón de El.
Elí la toma por ebria, y la amonesta, Ana le explica lo que su corazón sentía, pero el porque queda entre ella y Dios, el sacerdote comprende, la despide y la bendice…

Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 1 de Samuel 1:17

El gozo y la paz de Dios reposaron sobre Ana, ya no estaba triste, su corazón confiaba, y Dios que es fiel, respondió a su petición, y le dio el milagro como respuesta a su fe.
En todos esos años que habrán parecido eternos para Ana, Dios la fue moldeando y preparando para ese momento tan especial, en su vientre se formaría uno de los personajes más sobresalientes para el pueblo de Israel, el profeta Samuel, líder y juez del pueblo de Dios, quién tiempo después ungiría a Saúl y a David como rey.
Dice que llegado su tiempo, al cumplir el pequeño los tres años, Ana cumple el voto que había hecho a Dios y lo lleva ante Elí y lo deja bajo su cuidado para consagrarlo al servicio del Señor.
Elí, bendice a Elcana y a Ana, y Dios en recompensa por su profunda fe le concede más hijos...

Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa. Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. 1 Samuel 2:20-21

La enseñanza que nos deja estos breves pasajes al principio de 1 de Samuel es que la oración es la línea directa para llegar a Dios.
Cuántas veces te has encontrado con situaciones que te roban el aliento, que te quitan el sueño y te hacen sentir que ya no puedes más.
Te diré una cosa, muchos toman la oración como último recurso.
Algo que aprendí es que las batallas hay que ganarlas ante de que estas sucedan, ¿Cómo? de rodillas, la oración es el medio perfecto y eficaz para ello.
Cada mañana al despertar confiar que Dios peleará nuestras batallas, debemos entregarle nuestro día y descansar en El.
Ana supo que a través de la oración, sólo a través de ella podía encontrar la fortaleza para poder vivir una vida llena de fe.

Ana María Alvarez Kipreos


2 comentarios:

  1. Mi amada hermana, ¡que entrada tan preciosa!, cuánta Palabra de Dios explicada, reflexionada, ¡gracias por hacer estos post tan hermosos!.
    Recibe todo mi cariño. Esther

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  2. Gracias por tus palabras querida hermana Esther y por tu amistad tan hermosa. Dios te bendiga grandemente, abrazo fuerte a la distancia.

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Gracias por darme el regalo de tu amistad.
Cada mensaje, cada comentario es una bendición para mi vida.