*Jesucristo...es Señor


Hoy leyendo me detuve en la palabra “Señor” y wau… me puse a pensar que cuántas veces al día hacemos mención de esta palabra.
Cuantos de nosotros cuando oramos la repetimos, podría decir sin lugar a dudas, infinidad de veces.
Ahora bien, la pregunta sería ¿cuántos de nosotros, comprendemos el poder de esta palabra?

Nota: Señor - significado en el diccionario común: Que es dueño de algo; que tiene dominio y propiedad en ello.
Señor - significado en el diccionario bíblico - En el Nuevo Testamento, el término más común para "Señor" es la palabra del griego Kýrios (κύριος) (propietario, dueño, amo).

Entonces, al decirle a Jesús Señor, estamos permitiendo que El sea el gobernante soberano, el Señor de nosotros.
No un poco, no a medias, sino que tenga el total acceso a nuestra vida, para que tome así  posesión de todas las áreas de la misma, aún aquellas que no se ven, como nuestro corazón.
Ahora bien, ¿cuando le decimos Señor, realmente reconocemos esto? ¿Permitimos que Dios viva efectivamente de esta manera en nosotros? Estas son dos preguntas que deberíamos hacernos.
Porque cuando tú le aceptaste como tu Salvador también lo aceptaste como tu Señor, pero a veces esto no queda claro en muchos y viven sin sentido ni dirección, yo hago esto o aquello según mi voluntad y aceptan que su soberbia tome el control y en el fondo siguen esclavizados a su propio yo.
Dicen Señor, pero no han entendido el gran significado de esa palabra.

Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Romanos 14:9

Recordemos que un corazón humilde…
1 - Es el corazón que reconoce a Dios como Señor
2 - Acepta la voluntad de Dios
3 - Un corazón que sabe distinguir que Dios es el Padre y que nosotros somos sus hijos.

Cualquier otro pensar a este, está excluyendo toda necesidad de Cristo de nuestras vidas.
El jamás va a dirigir tu vida si no le reconoces como Señor de ella.
Por eso debemos reconocer a Cristo como nuestro Soberano, debemos tenerlo en primer lugar en nuestra vida y en nosotros no debe haber ninguna área que El no sea Señor. Sólo así seremos guiados hacia la perfecta voluntad de Dios.
Recuerdo en los primeros años de creyente tuve grandes luchas con mi yo, El Señor tuvo que tratar mucho conmigo y sólo luego de pasar por ciertos hechos dolorosos en mi vida pude rendirme a El y decir ya no quiero vivir yo, sino que tu Cristo vivas en mi.
Ahora 28 años después puedo decir confiada que El es mi primer pensamiento al despertar y mi último al dormir, aprendí a descansar en Cristo, porque le di todo el señorío a El, a mi Señor y Dios

Ana María Alvarez

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