Una luz en la ventana



Cuántas veces nos encontramos con madres que nos cuentan que sus hijos se han alejado del camino del Señor, que a pesar de que les han instruidos por el camino verdadero, estos deciden tomar el atajo para irse al mundo y vivir a su manera.
Cuándo pasa esto, cuando viene a su vida el sufrimiento de ver a su hijo poco a poco marcharse ¿que puede hacer una mujer como madre?

No hay dudas que el hombre por su naturaleza humana, sucumbe  muchas veces hacia aquellas cosas que les atrae, el mundo que rodea al creyente cada día se hace más apetecible, los jóvenes son mas vulnerables a ser seducidos para experimentar esas emociones.
Es muy conocida por cierto, la parábola del hijo pródigo que la leemos en Lucas 15:11-32 allí vemos a un padre con dos hijos el más joven le pide la herencia a su padre y se va de su hogar, se va tras aquellas cosas nuevas que le ofrecía el mundo. Leyendo estos pasajes podemos ver, el amor incondicional de nuestro Padre Eterno, un amor que traspasa todo entendimiento.

Como madre  que ama a su hijo sientes que has hecho todo lo posible para hacerle recapacitar, has puesto todo tu empeño en impedir que el diera ese paso ¡todo ha sido inútil!
Quizás te sientas derrotada, que ya no tienes fuerzas, en este punto lo que debes considerar  es que las situaciones, cualquiera que sean, no se pueden solucionar con nuestras propias fuerzas, se debe recurrir a Dios, usar el medio que nos ha dado, que es la oración.
Desde ese lugar podemos pelear todas las batallas que se nos presenten y verás que a su tiempo, Dios te dará la victoria.
Nuestros hijos son herencia de Dios, pon eso en tu mente y atesóralo en tu corazón.

He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Salmos 127:3

Dios trabaja en distinta forma en cada uno de nosotros, en tus hijos pasa igual, si volvemos a la parábola del hijo pródigo vemos que el joven era tenaz en su objetivo. Si tú lees con atención, encontramos que de parte de su padre no hubo ninguna oposición para darle el dinero, bien podría no habérselo dado ya que el todavía estaba vivo, por el contrario no le quita el libre albedrío a su hijo y le adelanta su herencia.
¿Cómo podemos entender esto?, hay momentos en el ser humano que cuando está cegado su entendimiento es muy difícil conectarse con la realidad, así estaba este joven, el padre sabía que si interfería en su determinación iba a resultar todo peor, por lo que permitió que viviera sus propias equivocaciones y fallara.

Por eso te digo, en este tiempo de incertidumbre que estas viviendo, busca la paz que sólo puede dar Dios a través de su Espíritu y confía que al final el Todopoderoso intervendrá y devolverá a tu hijo/a a tus brazos.
La oración es como la luz que alumbra el recorrido de nuestro camino hacia Dios. 
Nunca dejes de esperar, mantén la luz encendida en tu ventana, aguardando el regreso de tu hijo pródigo.


Ana María Alvarez Kipreos

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