Muchas son las veces que nuestros problemas los vemos como gigantes frente a nosotros, sin solución ni salida.
Claro está que Dios es fiel, su Palabra lo dice y El no te abandonará sino que peleará la batalla por ti, siempre y cuando vayas a El con un corazón rendido pidiendo su pronto auxilio.
Hay un versículo en Salmos que dice…

No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. Salmo 121:3


David sabía bien de la fidelidad del Todopoderoso de Israel, sabía que Dios continuamente se mantiene atento y preocupado por lo que le sucede a sus hijos.
Por lo que, tanto ayer como hoy, Dios persevera en su fidelidad teniendo cuidado en nuestro tiempo de necesidad. Pablo en el Libro a los Romanos nos dice claramente estas palabras.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Romanos 8:32

No te apoyes en ti mismo, tampoco busques en lo que podrías hacer para resolver la situación, si te basas en tus propias fuerzas tarde o temprano te darás cuenta, que tratas con un imposible que te llevará a la destrucción, porque estas luchando en contra de Dios.
Claramente Dios nos dice en el libro de Jeremías…

Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 
Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.  Jeremías 17:5-6


También nos dice…

Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. 
Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Jeremías 17:7-8


No estés en solitario ante tus situaciones adversas o tribulaciones porque no les podrás encontrar solución ni encontrarás alivio para tu alma, tú debes poner toda tu confianza en el que vive por los siglos de los siglos, Dios y Señor de nuestras vidas.
¡Sólo confía, y el hará!


Ana María Alvarez Kipreos

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