Carbón o diamante



El Diamante es carbono puro cristalizado.
Resulta curioso que el pariente más cercano del Diamante sea el carbón.
El carbón absorbe la luz; el diamante la refleja, por su composición es muy refulgente, esto es, que dispersa extraordinariamente la luz dándole fulgor al ser tallado.

Esto lo podemos aplicar a muchos cristianos, parecen iguales solo por sus creencias, pero si vemos sus vidas en el entorno de su familia, iglesia o sociedad, podremos ver claramente la diferencia ¡no son iguales!
Están los creyentes que como el carbón son opacos, no hay luz en ellos, sus vidas tienden hacer su propia voluntad, viven a través de sus propias decisiones, sin permitir que Dios gobierne sus vidas.
Dicen creer pero no someten su voluntad al que tiene que ser Señor en ellos.
Por otro lado están los que como el diamante irradian la luz de Cristo, estos son los que realmente murieron y fueron nacidos nuevos.
Los que entregando su voluntad permiten a Jesucristo a través del Espíritu Santo hacer el perfecto propósito de Dios en sus vidas.
Como el cortador de piedras, Dios examina cada vida minuciosamente, para quitar todas las imperfecciones, y es a través del sufrimiento de las pruebas que El nos va tallando y nos va puliendo con la suavidad de su amor hasta lograr, que de esa piedra opaca, sin brillo, seamos convertidos en un perfecto diamante.
Donde, como dice el Apóstol Pablo “en esta generación torcida y perversa resplandecen como luminares en el mundo”.

Alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16

¿Que otro honor más grande se nos puede conceder a nosotros, débiles, pecadores y finitos que hacer algo para la gloria de Dios?
¿Qué distinción humana puede ser comparada con esto?
¿Qué recompensa pueden ser iguales al privilegio de que se nos permita ver como progresa el Reino de nuestro Padre por medio nuestro?

Ahora la última pregunta
¿Quieres quedarte sólo carbón opaco o anhelas ser un diamante brillante para reflejar la luz de Cristo en ti?

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.
Filipenses 2 12-15









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