Dios nos envía a predicar



El pastor había predicado un sermón muy impresionante acerca del trabajo de ganar almas. Después de esto una mujer se le acercó y le dijo: “Yo soy viuda y tengo varios niños, y tengo que trabajar tejiendo en casa desde muy temprano hasta muy noche.
¿En que tiempo puedo evangelizar?


El pastor mirándola bondadosamente le preguntó.
¿Quién viene a buscar su trabajo terminado?
Le contestó, la fábrica manda una persona y tengo clientas de la zona dónde vivo.
¿Quién le arregla el Jardín?
Le contestó, el jardinero.
El pastor, esbozando una sonrisa, la miró y le dijo “hermana que Dios la bendiga”.
La mujer se fue a su casa, y como ya era de noche se acostó, pero no pudo dormir, ni olvidar las palabras de su pastor, y se mantuvo pensando en su deber de ganar almas.
A la mañana siguiente se levantó más temprano que de costumbre, era el día que vendrían de la fábrica a buscar el trabajo terminado. Siempre salía uno de sus hijos mayores a recibirlos y entregarlo, pero este día ella misma esperó.
Cuando llegó el joven, lo saludó amablemente y le entregó la mercadería, y antes que el joven reaccionara le dijo: quiero hacerte una pregunta, ¿alguna vez has pensado en el lugar a donde iras cuando mueras?
El joven ante tal pregunta le miró con curiosidad y le contestó, esta pregunta ha estado molestándome durante algunas semanas.
La señora le contestó, si tienes un tiempo te invito a entrar, y te diré algo sobre ese asunto. En ese lugar y ese momento aquella señora condujo a ese joven a los pies de Cristo, y el lo aceptó como su Salvador. A partir de ese día y en el corto espacio de un año aquella señora ayudó a muchas personas a que aceptaran al Señor Jesús como su Salvador personal.



Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.
Y dejando luego sus redes, le siguieron.
Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes.
Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.
Marcos 2:16-20



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