Tres clases de ateos




Un misionero se hallaba sentado junto a una mesa con varios jóvenes que se entretenían conversando acerca de Dios en forma burlona, del ser o no ser, de la muerte y de otros temas de carácter religioso, diciendose entre ellos mismos ateos con marcada complacencia.

Después de escucharlos un breve tiempo silenciosamente, el misionero les dijo a los jóvenes "En verdad hay tres clases de ateos. Hay ateos que han llegado a serlo, estudiando los diversos sistemas de filosofía tanto antiguos como modernos, los que los han llevado por caminos errados, y al fin confundidos han negado a Dios.
No se si alguno de ustedes se ha desviado de Dios por sus estudios filosóficos". Todos negaron con la cabeza a dicha pregunta.
"Bueno, la segunda clase de ateos la compone aquellos que no tienen juicio propio, sino que semejante a los papagayos van repitiendo lo que más oyen, o como los monos imitan a otros para no estar fuera de moda. Espero que ninguno de ustedes pertenezca a esta clase". Todos mirando al misionero le dijeron unisonos, que no, con cierta indignación.

"Muy bien la tercera clase se compone de aquellos que tienen mala conciencia, en cuya vida y conducta hay algo corrompido, de manera que se ven en la necesidad de desear que no haya un Dios santo y justo. Porque entienden muy bien que si lo hay, la escena debe ser espantosa cuando después de la muerte deban comparecer ante su presencia. Por eso se consuelan con la afirmación "¡No hay Dios!" ¡Así que: seguid pecando!
"Porque una cuarta clase de ateos no la hay" Con estas palabras el misionero se levantó y saludando muy cortésmente los dejó.


Dice el necio en su corazón: No hay Dios.
Se han corrompido, e hicieron abominable maldad;
No hay quien haga bien.
Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres,
Para ver si había algún entendido
Que buscara a Dios.
Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.

Salmos 53:1-3



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