Resucitó, nuestro Salvador vive



Para muchas personas aquí en Uruguay esta semana esta denominada de diferentes maneras, de turismo, de la cerveza, semana criolla etc.  
Sin embargo para los que creemos en Dios, esta semana es un recordatorio de lo que Jesús hizo por nosotros, a través de su entrega en la cruz.
Por supuesto el hecho más que importante y que expresa el señorío de Jesucristo es su resurrección.
Aunque el Señor cargo nuestros pecados y pagó el rescate, la muerte no pudo retenerlo porque Él era sin mancha, sin pecado.

El suceso de la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesús nos muestra que las Escrituras son verdaderas es la confirmación que Jesucristo es el Hijo de Dios y que cada creyente por medio de la fe estamos unidos a Él.
Hemos muerto con el Señor y a través suyo hemos recibido por gracia su justicia y la esperanza viva que en el día postrero resucitaremos como Él resucitó.

¿Acaso podríamos haber creído si Él hubiera perdurado en los dominios de la muerte?
El Apóstol Pablo en su primera carta a la iglesia en Corintios hace una exhortación a algunos que no creían en la resurrección.
En pocas palabras el expresa que el fundamento de la fe en Jesucristo en cada creyente es que Él vive porque...

…si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. 1 Corintios 15:14

Sin esa confirmación no habría perdón de pecados ni esperanza de salvación.
Pero la Palabra de Dios es fiel y verdadera porque en ella no sólo se detalla que los apóstoles le vieron luego de resucitado sino 500 personas más.

Hoy vivamos pues el hecho maravilloso de la resurrección de Jesucristo en nuestras vidas. Que nuestra fe se afirme cada día más en la esperanza maravillosa que nuestro Rey y Señor viene pronto confirmando las palabras del apóstol Pablo en 1 Corintios 15:52…

…los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

¡Jesús Vive!


Que tengan una semana bendecida

Ana María Álvarez


El fracaso

Cuantas son las veces que no logramos lo que nos hemos propuesto, a nuestros ojos lo teníamos todo resuelto, y de repente algo inesperado malogra lo que para nosotros era un hecho.
Todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido un fracaso, puede que haya sido en lo laboral, en el estudio o cualquier otro motivo en particular.

Sea cual sea a lo que se atribuya el fracaso, este muchas veces puede llevarnos al desánimo, por lo general algo común en el ser humano.
Pero sabes, no debemos conformarnos sino mirar el fracaso como un escalón al triunfo.
Tenemos que aprender de ellos para seguir adelante, la circunstancia no puede detenernos esa debe ser nuestra impronta, porque es parte de nuestro crecimiento.
Además tener en nuestra mente que cada fracaso o triunfo depende solamente de Dios.

Reconozcamos que el fracaso es un proceso para llegar a cada una de nuestras metas, debemos vencer el temor a seguir avanzando.
Tenemos en la Biblia muchos hombres y mujeres que tuvieron éxito en lo que Dios les encomendaba porque lucharon contra el fracaso y las situaciones adversas.

Cada uno de nosotros somos importante para Dios, Él como piedra preciosa nos va puliendo y sacando todas las imperfecciones hasta ser convertidos en una hermosa y valiosa joya brillante.
Por eso te animo a que no quedes en el suelo rendida, ¡levántate! y continúa firme y con fe.

Recuerda que Dios extiende su mano para levantarnos en todo tiempo…
El Señor hoy te dice… no te dejaré, ni te desampararé. Josué 1:5
Lo mejor está por venir, si no te rindes


Ana María Álvarez

¿Somos humildes?



…revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 1ª de Pedro 5:5

Viendo el versículo observamos lo importante que es, el cultivar en nosotros la humildad.
Sabiendo lo que Dios demanda de cada uno de nosotros, hay quienes podrían hacerse esta pregunta ¿porque reacciono con soberbia y no con humildad ante las circunstancias que se me presentan a diario?
Tenemos en la Biblia muchas situaciones donde se nos enseña sobre la humildad.
Pero el mejor y mayor acto de humildad lo vemos expresado en Filipenses 2:5

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:5

Observando el recorrido de la vida de Jesús vemos que desde su nacimiento en un humilde pesebre hasta su muerte en la cruz, donde fue tratado y crucificado como un criminal Él fue un sublime modelo de humildad.

Consideremos ahora una persona humilde y una que no es.
Una persona humilde no se envanece, recordando a los demás sus logros en cuanto tiene oportunidad, al contrario no se cree superior a nadie.
Sabe escuchar y aceptar el buen consejo y en la exhortación sabe reconocer cuando ha estado mal.
Por el contrario el carácter del soberbio siempre está a la defensiva, tiende a creerse superior a los demás y ser el único que tiene la verdad.

Recordemos que Dios es el que nos da la gracia, para que la humildad sea como corona en nosotros, ataviando nuestra vida.
Debemos hacer una lectura profunda en nosotros reconociendo que sin Dios nada somos y que nada podemos hacer sin Él. Que todas aquellas cosas grandes y pequeñas vienen del único que nos dio la vida, nuestro Dios y Señor.

Debemos ser imitadores de Jesús, parecernos cada día más a Él, ya que con su propia vida nos alentó a ser humildes como Él.
…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas… Mateo 11:29


Ana María Álvarez

Gracias Señor,



Lo más maravilloso que me ha pasado en esta vida es haber aceptado a Jesucristo y mi relación que tengo con Él. Durante todo este tiempo he vivido circunstancias de alegrías y tristezas, aquellas que cuidé de guardar en mi corazón y las que he desterrado de él, momentos de paz  pero también de inquietud y podría escribir un sinfín de muchas  más.
Y de todas esas situaciones vividas, aprendí que ninguna de ellas debe determinar nuestra conducta como creyente, sino que la misma debe estar gobernada por Dios.

He aprendido también  que el mejor momento de la vida de un creyente es cuando verdaderamente entiendes del gran poder de Dios.
Que si tu vida la encomiendas en sus manos, estas son poderosas para rodearte y protegerte, por lo que nunca vas a estar sola.
Nuestra relación con Él debe ser fuerte, sólida no permitamos que con el descuido se marchite.

Por mi parte agradecida con Dios continúo el viaje, confiando que lo mejor siempre está por venir.
Hoy puedo decir que su perfecto amor y misericordia me envuelve en cada paso que doy.
¡Gracias Señor! por que lo que vendrá será mejor y más grande.

Ana María Álvarez


Dios continúa trabajando en ti



Podemos mirar atrás cuando el Señor nos encontró, posiblemente muchos de nosotros lastimados, espiritualmente moribundos, vacíos, perdidos, sin una razón para vivir.
Pero allí estaba Él, abrió nuestros ojos, despertándonos de un sueño amargo que quizás pensamos nunca despertar.
Fue por su amor incondicional, que sanó nuestras heridas, nos levantó y restauró; El Señor sólo Él le dio sentido a nuestra vida.

Como un escultor dando forma a su obra, hoy pasado el tiempo podemos ver que su trabajo aún continúa en nosotros.
Muchas serán las veces que veremos que se nos hace tan largo el camino, y sentiremos nuestros pies cansados sin fuerzas para continuar.
Llegado ese momento  debemos recordar que todo lo que pasa en nuestra vida tiene una razón de ser, es parte de un propósito.
Un propósito que muchas veces no lo entendemos, porque como dice su Palabra…

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:8-9


Y al mirar lo que hasta hoy Dios hizo en cada uno de nosotros, debemos disfrutar de lo que ya nos ha sido dado, reconociendo que la obra de Dios en nosotros todavía continúa. Con la fuerza del Señor no nos detengamos, ¡sigamos adelante!

Ana María Alvarez