Fe probada por fuego


…para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo… 1 Pedro 1:7

En distintos momentos de nuestra vida hemos pasado por toda clase de pruebas y para muchos que difícil es mantener la fe cuando atraviesan ese tiempo.
Lo cierto es que Dios permite que pasemos por distintas situaciones, muchas de ellas que afligen y angustian nuestro corazón, muchas veces hasta las lágrimas.
Como seres humanos sabemos que nuestras acciones o eventos de la vida están conectados a una motivación racional, porque el hombre es un ser racional.
Pero hay momentos en los cuales por más que pensemos y pensemos para comprender lo que nos ocurre, llegamos a la conclusión que todo está mucho más allá de nuestra comprensión humana por lo que no encontramos causa aparente a ciertos hechos de nuestras vidas.
Es en ese tiempo que debemos reconocer antes que nada que las pruebas no vienen a nuestra vida para destruirnos, por el contrario de ellas aprendemos a ser más fuerte y ver a Dios peleando por nosotros.
Debemos entender entonces que a lo largo de nuestra vida seremos desafiados por situaciones incomprensibles, irracionales, pero que a pesar de todo lo que estemos viviendo, nuestra fe debe estar puesta en Dios, únicamente en El.
Nada de lo que nos sucede está fuera de la voluntad de Dios, él tiene un propósito para cada una de nuestras aflicciones.

Pedro nos dice que la fe es mucho más preciosa que el oro y esta es probada por fuego.
Todos quizás nos hemos informado sobre el proceso que debe cumplir el oro para ser purificado, es fundido a temperaturas altas hasta derretirse, luego es colado para sacar aquellas impurezas que pudieran tener.
En la antigüedad, seguidamente era pasado nuevamente por fuego para templarlo, acción que se debía repetir muchas veces durante el proceso de manufacturación.

Comprendiendo esto vemos como al igual que el oro, la fe es probada en nosotros a través de las pruebas, es ahí cuando somos quebrantados y Dios puede trabajar con nuestro carácter y algo importante Él nunca va a permitir más de lo que podamos resistir.
Una vez leí algo que me gustó “Cuando somos pasados por el fuego, DIOS no nos deja solos, DIOS se mete con nosotros al horno y permanece a nuestro lado hasta el final del proceso.”

Reconociendo esto debemos estar firmes en medio de las pruebas, con la fe puesta en Dios, aferrándonos al único que puede sostenernos, porque sólo Él puede darnos la victoria.
Y como Pablo en aquél día cuando sea manifestado Jesucristo, podamos decir
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 

Ana María Alvarez Kipreos


Noche de Paz, Noche de Amor




Estamos llegando a la Navidad, tiempo de celebrar, de reunir la familia, de regalos, de abrazos, de llamadas a los seres queridos que están lejos, y tantos otros motivos.
Ahora bien, todas estas cosas podríamos anexarlas a esa fecha tan especial, pero no tendrían que ser el centro de la celebración. La Navidad encierra un sentido totalmente distinto, es el reconocimiento del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Como lo expresa la palabra que viene del latín “Nativita”, compuesto por dos palabras “nati” que significa nacimiento y “vita” que significa vida, es el nacimiento de Aquel que vino con un propósito claro, para traer vida, para ti, para mí y para todo aquel que le reconoce como su Salvador. Jesús el Verbo, hecho carne como dice en Juan 1:14 pasaje de la Biblia, la Palabra de Dios….

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
  
Si bien ese día nos es el exacto en que nació Jesús, la tradición cristiana ha hecho del tal, un motivo de celebración. Lamentablemente con el tiempo se ha perdido el rumbo y hoy se le da primacía a papa noel, desterrando así a Jesucristo de los hogares. Por supuesto hoy no les voy hablar de este gordito bandido (papa Noel), el cual ya me explaye en una entrada el año anterior (pueden leerla aquí) por el contrario tocaremos un tema más que interesante, “noche de paz, noche de amor”.
Es común sentir o leer en estas fechas estas hermosas palabras que resuenan por doquier, podríamos tomarlo como un tiempo de respiro que trae a muchas familias. Leía en un folleto que llegó a mis manos que hay una especie de tregua entre aquellos donde los celos, la incomprensión y tantos motivos ha separado los unos de los otros, esta época hace un alto a todo esto y nos encontramos que la tolerancia y las reconciliaciones surgen espontáneamente.
Ahora bien, ¿tú te has puesto a pensar el significado de estas palabras? Quizás en este momento tengas necesidad de recibir una pequeña muestra de afecto o que tu vida sea rodeada de un poco de paz, ¿verdad?

Les comentaba al principio que la Navidad es la celebración de un acontecimiento muy especial, el del nacimiento de Jesús nuestro Salvador, es la muestra del amor más inmenso de Dios, un amor que rebasa todo límite.
Así es demostrado su amor hacia nosotros, Jesucristo vino a traer vida y vida en abundancia, todo aquel que en El cree es salvo y le es dada la vida eterna.
Cuando Jesús llega a nuestra vida somos transformados, el fruto de la paz y el amor permanece dentro de nosotros a través de Aquel que nos ama con amor eterno, es por medio de Él, que podemos recibir lo que muchos “encuentran” sólo en la noche de Navidad.

Te invito a que medites en esto y hagas la diferencia en esta Navidad, permitiendo que Jesucristo entre en tu vida para siempre.

¡Que tengas una FELIZ NAVIDAD!

Ana María Álvarez Kipreos


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Mujer fortalecida en Dios


En el antiguo testamento, más precisamente en Isaías 40:29 leemos… “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” 

Si leemos en la Biblia encontraremos muchas mujeres que fueron fuertes en medio de las distintas adversidades o circunstancias que tuvieron que vivir, Débora, Sara, Ruth, Abigail, Esther, entre otras.
Cuando se habla de estas mujeres fuertes, se tiene la creencia de que la fuerza provenía de su propia idiosincrasia o naturaleza, pensamiento este que esta muy lejos de la realidad.
Eran fuertes, porque la fortaleza se la proveía Dios a sus vidas, una mujer fuerte espiritualmente es la que en humildad reconoce que es débil y que su dependencia es totalmente de Dios, es ahí donde radica la fortaleza de toda mujer de Dios.

Así como lo hizo con estas mujeres, hoy Dios está fortaleciendo y actuando en cada una de sus hijas, formando mujeres completamente dependientes de El.
Vivimos en tiempos muy difíciles y es necesario que entendamos, lo importante que significa que en medio de los mismos seamos mujeres fuertes en Dios, comprometidas con la obra y dando lo mejor de nosotras a los demás.
Manteniendo la fe, que en el camino que estamos recorriendo, seremos más fuertes si estamos de la mano del Señor.

Leemos en el nuevo testamento, en 4:13…“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”


Ana María Alvarez Kipreos


Señor, yo confío en ti



Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Habacuc 3:17-19


Las últimas palabras del libro de Habacuc es un llamado a esperar, a estar calmos y confiados en medio de las aflicciones. ¿Alegrarme?, ¿gozarme?, por supuesto que no es nada fácil, y que hay circunstancias que lleva a las personas a la total desesperación, circunstancias de las cuales no se tiene control y que muchas veces no toman el rumbo que nosotros quisiéramos. ¿Quien no ha pasado o está pasando por estas situaciones?
Habacuc sabía que el control, sólo estaba en las manos de Dios, sus palabras eran movidas por la fe, el escritor nos revela su sentir…Aunque me vea en la condición de vivir en la más extrema pobreza, aún de no saber que comeré mañana porque mis campos ya no producen cosecha, y mi casa este asolada cuando antes disfrutaba de la provisión abundante que enviaba mi Dios… con todo me gozaré en el Señor.
 ¿De que me preocuparé? Debo alegrarme en mi Dios, gozarme en el que me ha salvado.
Habacuc, reconocía la supremacía de Dios y en los momentos más desalentadores recurriría a El. Es una profunda enseñanza, aun en esa aparente quietud de Dios el siempre está sobre nosotros impartiendo su voluntad.
Por eso no debemos limitar nuestra relación con Dios por las circunstancias buenas o malas que se nos presenta en nuestras vidas, accedamos confiados hasta la misma presencia de Dios poniendo nuestra fe en quien tiene el control sobre todas las cosas.
Dile hoy, Padre no entiendo por lo que estoy pasando, pero te creo. Aunque hoy perezca un propósito hay. Si perdiere todo, confío que tú me ayudarás a empezar de nuevo y proseguir, porque tú eres un Dios real y cualquiera sea tu propósito para mi vida, yo confío en ti.

¡Alégrate en el Señor y gózate en el Dios de tu salvación!

Ana María Alvarez Kipreos